Hoy me he despertado y me he encontrado un día ventoso, lluvioso y gris. Me viene al recuerdo de pequeña; mi madre nos forraba de chaquetas, botas de agua, gorro y paraguas para llegar al colegio lo menos empapados, pero era imposible, siempre teníamos los uniformes húmedos hasta pasadas unas horas y encima te sentabas en aquellas sillas tan frías que no se olvidan. Cerca de casa había una montañita a la que solíamos ir mis hermanos y yo a tirarnos con un trozo de cartón que nos hacía de trineo, guas!, era divertidísimo, nos tirábamos de uno en uno, luego de dos en dos y así hasta ya tirarnos sin cartón porque quedaba ya completamente deshecho. Recuerdo que cuando nos íbamos de vuelta a casa los pantalones nos hacía el camino difícil, porque siempre los llevábamos cargados de barro, mi madre se tiraba de los pelos cuando nos veía llegar, pero a nosotros eso no nos importaba, habíamos disfrutado como enanos.
Reconozco que ahora ya no me gustan tanto los días grises, se vuelven tristes y sobríos. Pero intento buscarle el lado alegre y recurro al recuerdo para que me saque una sonrisa.
Feliz día Gris!

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